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Sin embargo, vistas por delante o por detrás, las vértebras sí están alineadas unas encima de otras, formando una recta. Si no es así, se diagnostica una “escoliosis”. En estos casos, el reparto de la carga a ambos lados no es simétrico, y el desequilibrio depende esencialmente del número de grados de desviación con respecto a la vertical.

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Antiguamente se creía que la escoliosis causaba siempre dolor de
espalda. Actualmente se sabe que no es así. El 70% de la población sana
presenta cierto grado de escoliosis y sólo aumenta el riesgo de padecer
dolor cuando la desviación es de más de 60 grados.
Entre dos vértebras existe un amortiguador, denominado “disco
intervertebral”. El disco está compuesto por dos partes; una central de
consistencia gelatinosa, que corresponde al verdadero amortiguador y se
denomina “núcleo pulposo”, y una envuelta fibrosa que lo mantiene en su
lugar.
La protrusión discal corresponde a aquella situación en la que el
núcleo gelatinoso impacta contra la envuelta fibrosa, “abombándola”
pero sin llegar a romperla. Si la rompe, parte del núcleo del disco
sale fuera de la envuelta, constituyendo una hernia discal, y puede
comprimir una raíz nerviosa.
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Sin embargo, muchas veces se producen hernias discales que por su situación o tamaño no llegan a comprimir la raíz nerviosa, por lo que no causan problemas. De hecho, entre el 30 y el 50% de la población sana tiene una o más hernias y/o protusiones discales y, pese a ello, puede llevar una vida completamente normal sin molestias.
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