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Unidades de ejercicio físico de la EEDE
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Los programas de la Escuela Española de la Espalda (EEDE). La Unidad de Ejercicio EEDE, es la unidad multidisciplinaria en la que trabajan de una forma coordinada profesionales (entre otros) de la medicina, fisioterapia, actividad y educación física con una metodología basada en la evidencia científica.
Las dolencias de la columna vertebral (dolores de espalda, cervicalgias, dorsalgias, lumbalgias, ciáticas, artrosis, hernias discales, escoliosis, contracturas musculares) son las más frecuentes en los países industrializados (80% de la población) y las que más gasto público generan por conceptos asistenciales y laborales. Un programa de ejercicio físico adecuado es la mejor herramienta para prevenir la aparición del dolor de espalda. a) La forma física general. Está demostrado que los sedentarios con una mala condición física tienen mayor riesgo de padecer dolor de espalda que quiénes realizan actividad física de manera regular, aunque ésta sea tan genérica como andar o nadar y no esté específicamente dirigida a fortalecer la musculatura de la espalda. b) El estado de la musculatura de la espalda. El dolor es más frecuente y prolongado en quiénes tienen una musculatura débil en la espalda y los abdominales. A la inversa, el ejercicio físico específico, adaptado a las características personales, también es eficaz para disminuir el riesgo de padecer dolores de espalda. Además de poder ser eficaz para disminuir el riesgo de que aparezca, empeore o persista el dolor, el ejercicio también puede ser útil como tratamiento. a) En una primera fase de recuperación, o incluso mientras hay dolor de espalda si éste lo permite, puede estar indicada la prescripción de alguna actividad física aeróbica suave para recuperar el tono muscular y la coordinación de los distintos grupos musculares, especialmente si el paciente ha tenido que hacer reposo previamente. Algunas de las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible aconsejan: 1. Comenzar con actividades como andar o nadar para evitar el debilitamiento que conlleva la inactividad. 2. Incrementar progresivamente la intensidad del ejercicio aeróbico. Habitualmente, dos semanas después de la aparición del dolor ya se pueden hacer de 20 a 30 minutos diarios de ejercicio aeróbico suave. Aunque este tipo de ejercicio puede incrementar transitoria y levemente la intensidad del dolor, suele ser beneficioso a medio plazo si el dolor es tolerable. Si no lo es, hay que modificar el ejercicio o suspenderlo. b) En una segunda fase puede iniciarse un programa específico de ejercicio físico, individualizado en función de las características de cada paciente. Algunas de las recomendaciones basadas en la evidencia científica disponible aconsejan que no se hagan en la fase aguda de dolor, puesto que conllevan mayor esfuerzo para la musculatura de la espalda. |