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1.1 Al estar acostado boca arriba (decúbito supino), mantenga las rodillas flexionadas. Al hacerlo, bascula la pelvis y se apoya la columna lumbar contra el colchón. Si duerme en esta postura, debería colocar una almohada debajo de sus rodillas, para mantenerlas flexionadas. Si se mantienen las piernas estiradas, se tiende a arquear la columna lumbar y a impedir que ésta repose sobre el colchón, lo que facilita su contractura. (Fig. 1)
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1.2 Si duerme boca arriba, la almohada, relativamente fina, debe asegurar que la columna cervical forma con la columna dorsal el mismo ángulo que al estar de pie. Una almohada excesivamente ancha tendería a provocar que el cuello se flexionase exageradamente hacia adelante, mientras que dormir sin almohada tendería a hacer que el cuello estuviese en hiperextensión. Mantener durante horas cualquiera de esas dos posturas, facilitaría la aparición de contracturas cervicales. (Fig. 1)
1.3 Si duerme apoyándose sobre un hombro, la almohada, gruesa o enrollada, debe mantener el cuello en el eje de la columna dorsal, asegurando que no caiga ni rote. (Fig. 2)
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1.4 Dormir boca abajo no es recomendable, pues al hacerlo se suele modificar la curvatura de la columna lumbar y, para poder respirar, debe mantener el cuello girado durante varias horas. Si no puede dormir en otra postura, debería intentar hacerlo ligeramente de costado. Si, por ejemplo, se girase hacia el lado izquierdo, debería flexionar la cadera y la rodilla derecha, aun manteniendo estirada la izquierda, y procurar girar los hombros y adaptar la forma de la almohada a su cabeza de modo que la postura relativa del cuello en relación a la columna dorsal fuese lo más parecida posible a la que forman al estar de pie. (Fig. 3)
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