La Dra. Carmen Muñoz López, responsable de Cucún, Traumatología Infantil, con sede en Albacete, nos explica por qué el dolor de espalda en niños y adolescentes se ha convertido en un problema cada vez más frecuente y cómo abordarlo de forma adecuada.
¿Es frecuente el dolor de espalda en niños?
El dolor de espalda en niños y adolescentes ha pasado de ser una rareza clínica a un problema de salud cada vez más habitual. La evidencia científica más reciente muestra que su frecuencia varía claramente según la edad.
En niños menores de 10 años es relativamente poco frecuente, y su presencia obliga a una valoración cuidadosa. Sin embargo, a partir de la adolescencia su prevalencia aumenta de forma notable: entre un 30% y un 50% de los adolescentes refieren haber tenido al menos un episodio, con cifras acumuladas que pueden alcanzar hasta el 70% antes de los 16 años.
¿Por qué aumenta el dolor de espalda en adolescentes?
Este incremento se explica, en parte, por cambios en el estilo de vida. El sedentarismo, el uso intensivo de pantallas y la menor actividad física se asocian con mayor riesgo. También influyen factores como el transporte de mochilas pesadas, aunque su papel exacto sigue siendo debatido.
En el otro extremo, algunos deportes que implican movimientos repetitivos de extensión o carga —como la gimnasia, el fútbol o la danza— pueden favorecer lesiones por sobreuso.
Tipos de dolor de espalda en la infancia
Desde el punto de vista clínico, la mayoría de los casos (hasta el 90%) corresponden a dolor inespecífico o mecánico, generalmente relacionado con sobrecarga muscular, debilidad del core o alteraciones posturales. Es un dolor benigno y de evolución autolimitada, aunque con tendencia a recurrir.
No obstante, es fundamental considerar el diagnóstico diferencial, especialmente en niños pequeños o cuando existen signos de alarma. Entre las causas específicas más relevantes destacan:
- Espondilolisis y espondilolistesis, frecuentes en adolescentes deportistas.
- Cifosis juvenil o enfermedad de Scheuermann.
- Infecciones vertebrales, como discitis o espondilodiscitis.
- De forma mucho más infrecuente, tumores o enfermedades inflamatorias.
Señales de alarma: cuándo consultar al especialista
La clave está en identificar cuándo el dolor puede ser algo más que un problema funcional. Deben alertar síntomas como:
- Dolor persistente o progresivo.
- Dolor nocturno que despierta al niño.
- Fiebre o pérdida de peso inexplicada.
- Rigidez matutina.
- Presencia de déficits neurológicos.
Ante cualquiera de estas señales, es necesario ampliar el estudio con pruebas complementarias para descartar causas graves.
Tratamiento del dolor de espalda infantil
El manejo actual se basa principalmente en medidas conservadoras. Lejos de recomendar reposo prolongado, la evidencia respalda:
- Mantener una actividad física adaptada.
- Realizar ejercicios de fortalecimiento y mejora de la flexibilidad.
- Aplicar educación postural desde edades tempranas.
- Promover hábitos saludables que prevengan la cronificación del dolor en la vida adulta.
Conclusión
El dolor de espalda en la población pediátrica es frecuente, especialmente en la adolescencia, y en la mayoría de los casos benigno. Sin embargo, requiere una valoración adecuada para descartar causas graves y, sobre todo, una estrategia preventiva que evite su cronificación en la vida adulta.
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