Dra.Addy Bamberg. Médica del Deporte. Servicio de traumatología. HQS Palmaplanas.
El deporte es salud, pero cuando no se practica de forma adecuada, puede volverse un factor de riesgo para problemas físicos, como el dolor de espalda. Esta dolencia es una de las más frecuentes tanto en deportistas aficionados como en profesionales, y la evidencia científica sugiere que su aparición está ligada a múltiples factores: tipo de actividad, técnica, frecuencia de entrenamiento y estado físico general.
¿Por qué aparece el dolor de espalda en el deporte?
Un estudio del British Journal of Sports Medicine (2014) señala que la debilidad y falta de control del tronco, zona media o «core» es un factor de riesgo clave para desarrollar dolor lumbar, ya que los músculos de esta zona desempeñan un papel fundamental en la estabilización de la columna durante la actividad física.
Es necesario considerar que en muchos deportes pasa desapercibida la importancia del fortalecimiento de la zona media para prevenir el dolor lumbar, asociado tanto defectos posturales y técnicos como a movimientos repetitivos de flexión, extensión y torsión del tronco —como el golf, el remo, la gimnasia y el levantamiento de pesas. Estas acciones generan una carga mecánica considerable sobre la columna vertebral, que puede derivar en lesiones como hernias discales, esguinces musculares y microtraumatismos por sobreuso.
El ejercicio: amigo o enemigo
Aunque ciertos movimientos pueden desencadenar dolor de espalda, el ejercicio físico no es el enemigo. De hecho, una revisión sistemática publicada en The Lancet (2018) concluye que la actividad física regular puede reducir el riesgo de desarrollar dolor lumbar crónico en hasta un 35%. Lo importante es elegir el tipo de ejercicio adecuado y realizarlo con una carga y técnica correcta.
Actividades de bajo impacto, como la natación, el ciclismo y el yoga, han demostrado ser beneficiosas para la salud espinal. En contraste, deportes de contacto o de impacto como el Running requieren mayor preparación técnica y física para no convertirse en una fuente de lesiones.
Prevención basada en la evidencia
La prevención del dolor de espalda debe formar parte del entrenamiento habitual. La literatura científica recomienda intervenciones multifactoriales, que incluyen:
1. Ejercicios de fortalecimiento del core: Un meta-análisis en Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy (2020) demostró que los programas centrados en estabilización lumbar son eficaces para prevenir recurrencias del dolor lumbar en deportistas.
2. Educación postural y técnica: El aprendizaje y la corrección de los movimientos técnicos es esencial. El uso de feedback visual y el entrenamiento neuromuscular ha mostrado mejorar el control motor y reducir la carga sobre la espalda (Estudio en Clinical Biomechanics, 2019).
3. Estiramientos y calentamiento: Aunque no existe consenso absoluto sobre su eficacia para prevenir el dolor, la mayoría de las guías clínicas coinciden en que una preparación progresiva antes de la actividad física puede reducir el riesgo de lesiones musculoesqueléticas. Además, el desequilibrio en el tono y fuerza muscular de las extremidades y del tronco puede repercutir en la musculatura lumbar como compensación dando lugar a dolor lumbar.
¿Qué hacer si el dolor de espalda ya está presente?
En caso de aparición de dolor de espalda, las guías clínicas actuales recomiendan evitar el reposo absoluto. En su lugar, se sugiere mantener una actividad moderada y adaptada, combinada con ejercicios terapéuticos dirigidos. Un estudio publicado en Physical Therapy in Sport (2021) destaca que la fisioterapia activa, centrada en el control motor y la función, tiene mejores resultados a medio plazo que el tratamiento pasivo o el simple uso de analgésicos.
En situaciones persistentes o cuando el dolor interfiere con la actividad deportiva, la evaluación médica especializada es clave para descartar lesiones estructurales graves.
El dolor de espalda en deportistas es común, pero no inevitable. La ciencia ofrece herramientas claras para prevenirlo y tratarlo. El entrenamiento bien planificado, la educación postural, la activación muscular y una buena forma física general son aliados poderosos para mantener una columna sana. Escuchar al cuerpo y adaptar la actividad física a las necesidades individuales no solo mejora el rendimiento, sino que garantiza una práctica deportiva segura y sostenible.


