Mareos cervicales: causas, diagnóstico y tratamiento

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Los mareos cervicales, también conocidos como mareos de origen cervical, son una sensación de inestabilidad, aturdimiento o pérdida momentánea de orientación que aparece junto con molestias o disfunciones en el cuello. A diferencia del vértigo del oído interno, no suelen provocar la clásica sensación de «todo gira». Más bien generan un estado incómodo y difícil de describir, que muchas personas relatan como «mareo», «cabeza embotada» o «sensación de flotar».

Aunque se conocen desde hace décadas, siguen siendo motivo de debate porque no existe una prueba médica específica que los confirme al cien por cien. Aun así, en los últimos años se han publicado estudios que ayudan a comprender mejor por qué ocurren y cómo abordarlos.

¿Por qué se producen los mareos cervicales?

El cuello no solo sostiene la cabeza: también está lleno de receptores propioceptivos que informan al cerebro sobre la posición y el movimiento. Estos receptores trabajan junto con los ojos y el sistema del equilibrio del oído interno. Cuando toda esa información coincide, el cerebro interpreta correctamente dónde estamos y cómo nos movemos.

Pero si la musculatura o las articulaciones del cuello se irritan o funcionan mal, la señal que envían puede ser imprecisa. Las causas más frecuentes incluyen:

  • Sobrecarga muscular
  • Malas posturas prolongadas
  • Tensión emocional
  • Accidentes como el latigazo cervical
  • Artrosis cervical

Cuando esto ocurre, el cerebro recibe datos contradictorios entre lo que «dicen» los ojos, el oído interno y el cuello, y esa descoordinación puede generar mareo o inestabilidad.

Esta teoría, centrada en la alteración de la percepción corporal del cuello, es la más aceptada actualmente. Aun así, la investigación continúa porque los mecanismos exactos no están totalmente aclarados.

¿Cómo se diagnostican?

El diagnóstico es clínico, es decir, se basa en la valoración del profesional sanitario. No existe una prueba única que confirme los mareos cervicales.

Lo habitual es seguir dos pasos:

1. Relacionar los mareos con el cuello: por ejemplo, si aparecen o aumentan al mover la cabeza, si están acompañados de dolor cervical o si mejoran cuando la musculatura del cuello se relaja.

2. Descartar otras causas importantes: problemas del oído interno, migrañas, alteraciones neurológicas, tensión arterial o efectos de ciertos medicamentos.

A veces se realizan pruebas de equilibrio o estudios de la columna cervical, pero más para descartar otras enfermedades que para confirmar el origen cervical.

¿Cómo se tratan los mareos cervicales?

Las investigaciones publicadas en los últimos años coinciden en que los tratamientos conservadores —no invasivos— suelen ser los más eficaces.

1. Ejercicios y trabajo específico del cuello

Los ejercicios terapéuticos que mejoran la movilidad cervical, fortalecen los músculos profundos del cuello y entrenan la percepción corporal ayudan a reducir la frecuencia e intensidad de los mareos en muchas personas. No requieren grandes esfuerzos, pero deben enseñarse de forma individualizada.

2. Terapia manual

Técnicas aplicadas por fisioterapeutas, como movilizaciones suaves de las articulaciones cervicales o masajes específicos, han mostrado beneficios cuando se combinan con ejercicios. La evidencia disponible indica resultados positivos, aunque con variabilidad entre estudios.

3. Rehabilitación del equilibrio

En los casos en que la descoordinación entre cuello, ojos y oído interno es mayor, se pueden añadir ejercicios de equilibrio, movimientos controlados de la cabeza y tareas que entrenan la coordinación entre mirada y postura.

4. Enfoque combinado

Hoy se recomienda un tratamiento multidisciplinar que incluya varias estrategias: ejercicio, terapia manual, educación postural y pautas para manejar la tensión muscular. Esta combinación parece ofrecer los resultados más estables a medio plazo.

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