Los términos «fisura de columna», «aplastamiento» y «acuñamiento» se refieren a distintos tipos de lesiones vertebrales, generalmente asociadas con traumatismos, osteoporosis o patologías degenerativas que erróneamente suele utilizarse como equivalentes.
La fisura de columna o fisura vertebral es una fractura incompleta en una vértebra, donde el hueso está agrietado pero no totalmente roto. Por otra parte una fisura discal consiste en un desgarro en uno de los anillos.
Fisura discal: qué es y cómo se diferencia de otras alteraciones
La fisura anular discal, intervertebral o vertebral son tres formas de referirse a una alteración similar.
La fisura anular discal es una deficiencia estructural del anillo fibroso del disco intervertebral. Se caracteriza por la presencia de un desgarro en las fibras concéntricas que forman el anillo fibroso, el ligamento que rodea el disco intervertebral. Este disco actúa como un «amortiguador biológico» entre las vértebras y, cuando se ve afectado, puede provocar dolor, inflamación y, en algunos casos, evolucionar hacia una protrusión o una hernia discal.
Es importante diferenciar entre fisura discal, protrusión discal y hernia discal:
- Fisura discal: Se produce un desgarro en las fibras del anillo fibroso, pero el núcleo pulposo no se desplaza.
- Protrusión discal: El anillo fibroso se deforma o abomba debido a la presión del núcleo pulposo, pero sin romperse.
- Hernia discal: El anillo fibroso se rompe, permitiendo que parte del núcleo pulposo salga y pueda comprimir estructuras nerviosas.
¿Qué causa la fisura anular discal? Genética vs. factores externos
La evidencia científica actual sugiere que la genética es el factor más importante en el desarrollo de las discopatías. Diversos estudios han demostrado que la predisposición genética influye más que factores como el envejecimiento, el estilo de vida o el trabajo físico.
Investigaciones en gemelos han revelado que la degeneración del disco tiene una heredabilidad estimada entre el 60% y el 80% (Battie et al., 2004). Esto indica que la genética juega un papel clave en la aparición y progresión de la enfermedad.
Se han identificado varios genes relacionados con la degeneración del disco, como COL9A2, COL9A3, IL1, MMPs y VDR, los cuales afectan la síntesis y degradación de los componentes del disco, como el colágeno y los proteoglicanos (Kalb et al., 2019).
Factores externos vs. genética
Aunque factores como el envejecimiento, el sobrepeso, el tabaquismo y la actividad física pueden influir en la degeneración del disco, su impacto es menor en comparación con la carga genética. Esto explica por qué algunas personas desarrollan degeneración discal severa a edades tempranas, incluso sin factores de riesgo evidentes.


